Los docentes son los responsables de crear el interés en los chicos

De un tiempo a esta parte asisto a numerosas situaciones a donde los docentes encomiendan a los padres “aleccionar” a sus hijos para que presten atención en clase. Como algo absolutamente naturalizado los padres responden al pedido: en el mejor de los casos, encaran un diálogo con sus hijos acerca de los motivos de la falta de estudio, atención, etc. En los casos a donde no saben qué hacer, los padres castigan a sus hijos como ellos fueron castigados en estas circunstancias cuando eran pequeños, en la firme convicción de que así los están ayudando a “enderezarse” en el aprendizaje.

Sin embargo casi nunca veo reacciones de los padres preguntando a los docentes por qué creen que sus hijos se aburren. Escasas veces observo padres confiando en sus hijos cuando relatan que sus clases son mar de aburrimiento y frustraciones. Y no es su culpa: nos han acostumbrado a esta extraña idea de que los problemas de motivación del aula deben ser resueltos a través del aleccionamiento de padres a hijos. Este es el punto…

Los alumnos no son seres perfectos callados y ordenados: son personas diferentes, con diversas formas de acercarse al conocimiento; con intereses heterogéneos; con trayectorias escolares y de vida que dan cuenta de estilos originales de aprendizaje.

La función central del docente es la enseñanza. Todos los enfoques actuales de enseñanza coinciden en que para enseñar hay que contar con el interés y la voluntad del alumno para aprender. Pero no es el alumno quien debe llegar al aula “naturalmente predispuesto” a aprender todo. Es función del docente identificar los intereses y buscar las “puertas de entrada” del aprendizaje indagando las motivaciones grupales e individuales. Es claro que enseñar no es simplemente transmitir información. Hoy cualquier chico o joven accede a grandes cantidades de información por lo que sumar la que venga por vía del docente no llegará a aportar demasiado. El docente es quien debe dar las herramientas para discernir y cuestionar esa información.

El rol docente claramente ha cambiado. Es hora de responsabilizarse de la tarea de atraer el interés de los chicos y jóvenes. Claro que no es fácil! Pero en eso consiste la didáctica: en el desafío de encontrar los caminos que conduzcan al aprendizaje. Y si no se encuentran hay que seguir buscando, pero dejemos de pedir a los padres que se hagan cargo de los problemas de la enseñanza. ¿O acaso estaría bien que los docentes resolviéramos los problemas matrimoniales de los padres que suceden en el hogar? ¿Por qué legitimar entonces que a los padres se les pida que resuelvan los problemas de aprendizaje dentro del aula?

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