El docente como trabajador

Por estos días los medios reflejan varias situaciones a las que a mi entender la sociedad en general no dimensiona como se debiera. En Uruguay se han producido varias marchas docentes reclamando mejoras salariales y su presidente ha respondido tal como en su momento lo hizo nuestra mandataria, en la línea de que “los docentes se quejan pero trabajan 4 hs y tienen 3 meses de vacaciones”. Esto me parece al menos una falta de respeto al trabajo docente y la reiteración de la vieja idea de que quien trabaja como docente “lo hace por vocación y no por la plata”. Pero nadie vive y come de “la vocación”…

Asisto permanentemente a las situaciones económicas límite que atraviesan los estudiantes en el Profesorado en el que trabajo en la Ciudad de Buenos Aires: muchas de ellas los obligan a dejar la carrera. Muchos de estos alumnos tienen una gran vocación y la docencia para ellos es cumplir un sueño, pero no llegan ni siquiera a superar la supervivencia en la formación, complejizado además por la prospectiva de que si lo lograran igual no podrían sostenerse económicamente al menos sus diez primeros años porque el salario es paupérrimo y provienen de familias que no están en condiciones de ayudarlos.

En esta semana se aprobó en Argentina la suba del salario mínimo, medida que festejo y acompaño. Pero claro: ese salario mínimo que se ha fijado excede en un 20% el salario básico para un docente de la Ciudad de Buenos Aires en el mismo mes. ¿Esto quiere decir que un docente no es digno ni siquiera de percibir un salario mínimo? ¿Cuando se fijó para este año la paritaria docente se pensó que debíamos ganar menos que cualquier trabajador? No entiendo esta lógica… Y ahí comprendo en fuerte reclamo de los docentes uruguayos porque los legisladores perciban como salario lo mismo que percibe un docente y su indignación ante los dichos del presidente Mujica de que “trabajen más horas”.

Quienes elegimos la docencia siempre supimos que no íbamos a tener una situación económica relajada. Pero tampoco pensamos que se iba a desvalorizar nuestra tarea al punto tal de no reconocer la cantidad de horas que es necesario que un docente trabaje por día por vivir dignamente; las horas extra que implica de planificación, evaluación, preparación de materiales de clase; los tiempos que uno por ejemplo deja a su propia familia para atender las necesidades de sus alumnos.

No pedimos mucho: pedimos que se reconozcan las condiciones de dignidad básicas del trabajo docente. Y con mentiras y clichés estamos muy lejos de lograrlo: ni el docente más chanta logra trabajar solo 4 hs diarias. Pero además… ¿los miles de docentes que no lo somos? ¿en qué categoría entramos?. Supongo que no tengo que contar la cantidad de horas que paso corrigiendo los fines de semanas, buscando cosas para mis clases, leyendo nuevos materiales, buscando cómo atraer el interés de mis estudiantes por seguir la carrera docente. Y conozco cantidad de colegas que hacen lo mismo.

Ni hablar de la situación de los equipos de conducción. ¿Sabían uds que en CABA por ejemplo cobra lo mismo un directivo que tiene que 3 turnos que atender en las Escuelas Normales que aquel que tiene solo uno? ¿Y que cualquier miembro del equipo de conducción cobra lo mismo por dirigir una institución de una sola sección que una de 4 secciones ubicada en zona crítica? Y después se preguntan por qué no hay docentes ni directivos en la Ciudad de Buenos Aires… ¿Quién puede querer hacerse responsable legalmente de semejante responsabilidad por el menos salario del que implicaría quedarse detrás de un escritorio como lo hacen funcionarios o legisladores? Solamente alguien que quiere mucho su profesión, aunque con quererla mucho no alcanza.

Claro que si vemos la situación salarial a nivel país de la Argentina, el tema es aún más complicado.

Amerita una mención aparte la larga tradición de “acostumbrarse” a que cuando uno toma un nuevo cargo debe esperar promedio entre 6 meses y año para percibir su salario. ¿Y saben qué sucede cuando se cobra todo junto? ¡Se pierde al menos 1 mes de ese salario en el descuento del Impuesto a las Ganancias porque nos pagan todo de golpe! ¿Por qué la sociedad sabe tan poco acerca de estas condiciones laborales de los docentes?

La docencia es un trabajo, pero no como cualquier otro. En nuestras manos se deposita la responsabilidad y la esperanza de que las nuevas generaciones puedan insertarse en el mundo para tener una vida digna. ¿Tan poco vale lo que hacemos para ser objeto de lugares comunes y comentarios ofensivos? ¿Los docentes no tenemos vida o nuestras familias son menos importantes que las que componen nuestra comunidad educativa? ¿Los docentes no merecemos un salario digno? Ya es hora de que se debata en la sociedad con seriedad este tema y se dejen de lado los preconceptos.

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