Conducir una escuela pública

Hace rato que vengo pensando en los diferentes obstáculos que nos aparecen cotidianamente a quienes trabajamos y defendemos la escuela pública. Y son tantos que pensé en escribir sobre cada uno de ellos que me llevan a reflexionar todos los días, por lo que hoy quiero empezar por el enorme desafío que atraviesan quienes conducen las escuelas públicas.

No sé si muchos saben que en la Ciudad de Buenos Aires en los últimos años cuesta mucho cubrir los cargos correspondientes a los equipos de conducción. Se sabe de los problemas para cubrir los cargos docentes, pero los de directivos resultan verdaderamente una oferta muy poco “tentadora” para quienes ejercen la docencia. Si empezamos a analizar los motivos, veremos que una de las principales causas radica en el desajuste entre el enorme grado de responsabilidad en relación con el reconocimiento social y más aún laboral del cargo. Para quienes no conocen cuánto gana de salario el equipo de conducción, puede acceder a la grilla salarial (también puede consultarse el de todo el país en http://www.salariodocente.com.ar/) y comprobar que no resulta una oferta que marque una diferencia sustantiva en términos de lo que representa como tarea. Ni que hablar de la situación de las Escuelas Normales, monstruosas estructuras organizacionales que contienen cuatro niveles educativos (inicial, primaria, media y superior/profesorados), que funcionan por ejemplo en el caso de mi escuela en tres turnos: mañana, tarde y vespertino.

Resulta increíble que quien conduce una institución de cuatro niveles y tres turnos perciba el mismo salario que quien conduce una de dos niveles en dos turnos, pero es así. Del mismo modo, da lo mismo conducir una escuela que tiene tres secciones por turno que la que posee una sola sección a los fines salariales, o que está ubicada en una comunidad crítica y recibe una enorme población frente a otra con todos los recursos. El sistema no reconoce diferencias, por lo que quienes aspiran a cargos de conducción con justa razón buscan aquellas escuelas pequeñas y menos complejas, a las que pueden acceder quienes tienen más experiencia porque su puntaje les permite elegir.

Visto desde esta perspectiva, obviamente las escuelas grandes y complejas tienen las menores chances de conseguir equipos de conducción comprometidos con su comunidad. Prácticamente tienen suerte de que alguien se anime a conducirlas, como “trampolín” para acceder luego de un tiempo en donde se pague “derecho de piso” a otras instituciones más codiciadas. Y el propio sistema alimenta y favorece estas prácticas.

Como si eso fuera poco, la situación normativa-legal de los equipos de conducción resulta sumamente endeble. Muchos directivos se ven obligados a contratar asesoramiento legal por cuenta propia, ya que el sistema los hace responsables de innumerable cantidad de cuestiones que van desde lo patrimonial hasta lo pedagógico, vincular, etc. La burocracia es el a-b-c de la gestión y todo se maneja por interminables circuitos de ineficiencia legitimada por años de funcionamiento, a donde quien ose intentar atravesar esa lógica desde otro lugar es castigado y sometido a todo tipo de vericuetos legales.

Cuando por fin los equipos de conducción logran abocarse a tareas pedagógicas para las que fueron formados centralmente, se encuentran en la mayoría de los casos con docentes desmotivados, que no están muchas veces en condiciones de emprender más que experiencias de mero sostenimiento de lo cotidiano.

En el mejor de los escenarios, los directivos cuentan con una comunidad educativa que los acompaña. Pero escasamente se asiste a esta situación. Los problemas con los padres; la Cooperadora; los fondos que no llegan; la infraestructura que los organismos de gestión central no sostienen ni mejoran; la centralización de las gestiones con su consiguiente inoperancia; la falta de autonomía para tomar decisiones y la contracara de la responsabilización a los directivos por cuestiones que están fuera de su alcance son algunas de las principales cuestiones que sobresalen como rasgos comunes en las escuelas públicas.

Salarios magros, exceso de tareas y responsabilidades, demandas legales, burocracia a granel… ese es el “combo” que enfrenta cotidianamente un equipo de conducción. ¿Casi que deberíamos hablar de “héroes”? ¿Por qué se sostiene esta situación? Nadie que diga que le importa la escuela pública puede hacerse el desentendido sobre estos temas. La gestión central sabe de estas cosas y son los responsables de las decisiones políticas que sostienen este panorama. Pueden hacerse los distraídos, pero si de verdad les interesara mejorar las cosas en las escuelas públicas todas ellas tienen caminos sencillos de resolución, empezando por la cuestión salarial y la autonomía en la gestión de las decisiones de la escuela.

La escuela pública se puede mejorar, pero no hay calidad posible sin que los equipos de conducción puedan desarrollar sus acciones dentro de un escenario mejor.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s