¿Es bueno tener optimismo y utopías pedagógicas?

Por estos días en que estoy por iniciar el desafío de conducir la institución en la que soy profesora hace ya 24 años (¡casi la mitad de mi vida!), muchos me hacen una pregunta común que me ha llamado la atención: “-¿Creés que vas a poder cambiar algo?”. También me dicen cosas como “estás loca”; “¿sabés en qué te estás metiendo?”; “la escuela siempre va a ser así y no se va a poder hacer nada”.

Tanto escribir sobre el cambio y la innovación educativa, la convergencia de un mismo tipo de preguntas y comentarios me ha hecho pensar varias cuestiones que quisiera comenzar a abordar en esta entrada y que seguramente iré desarrollando progresivamente a medida que se presenten los desafíos. Quienes siempre me leen, saben que me gusta mucho hacer preguntas para iniciar la reflexión.

¿Pensar el cambio hoy es una utopía pedagógica?

De mis épocas de estudiante en la universidad, me quedó muy grabada una clase de Historia de la Educación Argentina que daba una gran docente, Adriana Puiggrós, en donde hablaba sobre las utopías pedagógicas. Allí habíamos analizado algo así como su “utilidad” en la conformación de un pensamiento, pero también nos habíamos cuestionado si tenían sentido. ¿Las utopías son sueños o son realizables? ¿la factibilidad es el único factor determinante del desarrollo de los proyectos pedagógicos?. Nunca olvido que cerramos esa clase concluyendo que sin utopías, la educación nunca hubiera cambiado nada.

Veníamos de estudiar los movimientos históricos que habían dado lugar al llamado “optimismo pedagógico”, esa idea de que la educación es capaz de cambiar cualquier cosa, hasta las condiciones sociales, económicas, culturales, de vida, ¡el mundo!… Y me vuelvo a preguntar: ¿tener optimismo pedagógico es vivir fuera de la realidad? ¿Se puede tener un optimismo tan “ambicioso”?

En lo personal, si no creyera que algún cambio es posible no asumiría nuevos desafíos. Es más: si no creyera en el cambio creo que me hubiera dedicado a otra cosa que no fuera la educación. Abracé esta profesión con la convicción del cambio en el mismo grado que con la visión de la realidad con la que trabajo. ¿Se puede tener ambas cosas? Yo considero que sí: el anhelo del cambio es el motor; la realidad te va señalando hasta dónde y cómo es posible.

¿Se puede mejorar la educación cuando las condiciones del contexto resultan adversas?

Me parece que siempre es importante tener en claro dónde se ubica la delgada línea que separa lo macro de lo micro, sin que esto signifique ver lo macro como algo “inmodificable”. Las condiciones que impone el sistema operan como un cerco que en muchos casos es necesario saltar junto con otros. Es obvio que de nada sirve saltarlo sólo, pero el sistema sólo cambia en la medida que sus actores le reclaman y exigen presionando para que lo haga. La pasividad que paraliza la acción es la que contribuye a la perpetuación in eternum de ciertas prácticas.

¿Y qué se puede cambiar en el plano de una institución? Yo creo que las condiciones institucionales son fundamentales para propiciar u obstaculizar el cambio, sin que esto signifique que en las aulas es imposible hacerlo cuando esas condiciones no se encuentran. Sin embargo, un buen clima institucional favorece por ejemplo el sentido de pertenencia, el compromiso de su comunidad y –cuando se trata de un proyecto colectivo como el que estamos planteando en nuestra escuela- se incrementa la sensación de que cada cual no está solo en sus propuestas y prácticas. Cuando se piensa con otros y se debate, aparecen las ideas innovadoras.

De allí que me parece que uno de los principales horizontes del cambio institucional radica en la desburocratización de las prácticas pedagógicas. ¿Se puede hacer esto? Estoy convencida de que sí, de que gran parte de estas prácticas están sustentadas en una inercia y muchas veces en una interpretación antojadiza de la normativa basada en lo que se da en llamar “usos y costumbres”. Por supuesto que en toda institución interjuegan lo que los institucionalistas franceses dieron en llamar “lo instituido” y “lo instituyente”: dentro de lo último se ubica sin dudas el potencial del cambio, que para llevarlo a cabo es necesario pensar en términos del logro de consensos. Pero lo que resulta claro es que lo instituyente se presenta como algo disruptivo en la trayectoria institucional, y creo que en esos quiebres es donde se comienza a visualizar la factibilidad del cambio.

Nunca hay que perder de vista que en educación los cambios son lentos y se pueden visualizar recién después de mucho tiempo. De allí que los proyectos gestión que logran asentarse con una cierta continuidad son los que tienen más chances de lograr algunos cambios, siempre y cuando la inercia institucional no les gane en el camino.

Es innegable que las instituciones están teñidas tanto de luchas políticas internas como que presentan variados frentes externos que la condicionan. En la medida en que se fortalezcan las redes internas, será posible accionar en un sentido innovador. Se pueden pelear y sostener algunas cuestiones en el frente externo cuando la comunidad toda tracciona en un mismo sentido. Y sí, seguramente regreso aquí al punto de inicio: el de las utopías pedagógicas.

Porque pienso que es posible ir tras ellas es porque acepté el desafío junto con mis colegas de pensar la escuela desde un lugar diferente. No hay nada de ingenuidad en esta decisión, sí hay un gran cuota de optimismo.

Espero poder ir contándoles cómo nos va por el camino…

Créditos imagen: Herman G. Anugrah. Optimistic. Fuente: Flickr.
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6 comentarios

  1. Si! Traigo también como herramienta el concepto de ” inédito viable” que sirve para pensar en el cambio basado en lo nuevo pero posible.
    Y lo nuevo pero posible se gesta y acuna desde adentro con cierta historia en el territorio y también con conocimiento de las condiciones.
    Es tiempo de estar adentro y de pisar territorio para seguir “pensando la escuela”

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    • Hola Vanesa!
      Me pareció muy interesante el concepto que acercas de inédito viable.
      Te agradecería que me guíes acarcándome info o bilbiografía para profundizar sobre él.

      Gracias por la generosidad de compartirlo!
      Mariana

      Me gusta

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