Por qué elegir hoy ser docente

Vengo contando hace varias semanas lo que me está costando escribir y sobrevivir a este virulento período de ataque a la docencia. No paro de decir que en mis 30 años en la profesión nunca sentí lo que veo hoy: este nivel de agresión y desprestigio proveniente de los medios y de mucha gente que se hace eco, y claramente incentivado desde las políticas educativas en marcha.

En los palos cotidianos intentan corrernos con el argumento de que “perdimos la vocación”, cuando en realidad si no fuera por ella ningún maestro/a ó profesor/a seguiría claramente en estas lides atravesando las condiciones que siempre cuento. Pero la vocación no es una carta blanca para tener que soportar cualquier cosa y no da permiso para que toda persona nos maltrate por luchar en pos de nuestras condiciones laborales.

El otro día me contaba una docente que se encuentra sometida a las pésimas condiciones a las que el sistema nos somete, que por primera vez le costaba salir de su casa para ir a trabajar porque lo estaba pasando mal. También muchos docentes que fueran alumnos míos me han acercado comentarios respecto de la falta de incentivo para continuar nuestra tarea.

Pero tal vez lo que más me afectó y motivó a escribir este post, haya sido una serie de comentarios que vengo recibiendo de mis hijos respecto de la imagen que les queda de mi trabajo. Podría resumirla en esta pregunta que me han hecho: “Si te pasan cosas tan malas en tu trabajo, ¿por qué seguís en la escuela?”. Voy a contarles que estos interrogantes se multiplicaron en ellos desde que asumí un cargo directivo: la conclusión a la que han arribado es que lo mejor que pueden hacer es no dedicarse a la docencia. ¿Imaginan ustedes lo que cuesta transitar esto para alguien que se dedica hace tantos años a motivar estudiantes de profesorado para que amen esta profesión?

En los últimos días además he corroborado fehacientemente que el ejercicio del cargo directivo representa una pérdida concreta en el salario (se cobra lo mismo que dando clases), pero implica una carga horaria y de responsabilidad (incluso legal, en términos civiles y afectando incluso a tus bienes) que no se condice de modo alguno con la bajísima remuneración percibida. La trayectoria y formación no representa variable alguna para esto: da lo mismo tener el Doctorado que haber estudiado una sóla carrera de grado porque seguirás ganando lo mismo.

Así fue que decidí forzarme a sistematizar el por qué SÍ elijo todos los días ser docente, ya que sería muy perverso pensar que lo hago en términos de martirizarme y ser masoquista, si es que sólo se trata de pasarla mal y ser pésimamente remunerada económicamente. Intentaré entonces exponer aquí todo lo que me impulsa a seguir eligiendo esta carrera.

  • La gratificación de ver que los alumnos aprenden: imagino que debe ser muy similar a la de los médicos cuando ven que curan a un paciente. No hay nada más maravilloso que asistir al proceso de aprendizaje, descubrimiento, argumentación… a la producción de conocimiento. Y cuando además tus alumnos lo registran y perciben con una cuota de disfrute y son capaces de transmitírtelo, la recompensa es enorme. Recuerdo cuando trabajaba en el nivel inicial, la maravilla de asistir por ejemplo al inicio de la lectoescritura, un momento único e irrepetible en la vida de una persona. ¿Cuántas profesiones te regalan estos momentos?
  • El estar cerca de quienes lo necesitan: muchas veces la escuela no se trata sólo de enseñar y aprender contenidos, sino que se trata de acompañar a quienes necesitan que se los oriente en un momento de sus vidas. Tal vez esas palabras que digas, o ese momento de estar cerca del otro, se transforme para esa persona en algo que no podrá olvidar el resto de su vida. Y no hablo de la fantasía “salvadora” que puede caracterizar la docencia sino simplemente de esos trabajos que te dan la satisfacción de poder contener y orientar muchas veces de forma inolvidable.
  • Estar siempre pensando e imaginando cosas nuevas: la docencia tiene el maravilloso rasgo de forzarte a crear permanentemente. Si bien hay algunos que la transitan como algo rutinario (y son justamente quienes pierden el placer por el ejercicio de la profesión), enseñar te ofrece un mundo de posibilidades siempre originales o, como suelo decidir a los futuros maestros, garantía de que nunca vas a aburrirte.
  • El humor y el afecto siempre atraviesa tu tarea: por supuesto depende de cómo seas como maestro/a ó profesor/a, pero nuestra profesión siempre te presenta situaciones afectivas y desafíos emocionales que te alimentan el día a día. Y ni hablar del humor: la cantidad de veces que una llega a la escuela con el ánimo decaído por alguna situación e inmediatamente los alumnos y lo perciben y ponen el humor en el centro para cambiarte tu día. Y lo logran.
  • El reconocimiento de un alumno o su familia a tu trabajo: si bien no es algo que sucede permanentemente, cuando pasa te resulta una gratificación tan indescriptible que compensa miles de comentarios despectivos o ataques sin fundamento que provienen de la falta de reconocimiento social.
  • Es un trabajo que te hace feliz: aunque tengamos que luchar todo el tiempo por el reconocimiento y tengan que entender que con la gratificación no alcanza para pagar las cuentas y vivir dignamente, los docentes sabemos que es una profesión que da enormes satisfacciones más allá del cansancio. A veces, cuando tenemos la posibilidad de incidir positivamente en la vida de otros, esto se logra sentir mucho más.
  • Brinda grandes oportunidades de relacionarse y compartir con colegas: es inmensa la cantidad de colegas increíblemente valiosos que te rodean en esta profesión. Con ellos se puede aprender, intercambiar, compartir y hasta construir amistades sólidas a lo largo de la vida. Es un colectivo solidario y sensible a escuchar y acompañar no sólo alumnos sino a los pares. Esto es algo que afortunadamente muchos lo transitan desde sus estudios en la formación del profesorado. Cuando estás en la escuela, la cantidad de tiempo que pasamos dentro de ella permite forjar estas relaciones. Hoy, además, tenemos la enorme suerte de conocer colegas en las redes sociales que nos aportan un mundo infinito de ideas y propuestas. He logrado conocer docentes increíbles en Twitter de los que aprendo todos los días sobre contextos diferentes; forma de enseñar; análisis de nuestra realidad cotidiana.

El día que un docente deje de sentir estas cosas en su profesión, sin dudas tendrá que pensar en retirarse. Pero no invalida que tengamos que continuar nuestro reclamo por las condiciones que nos merecemos nosotros y nuestros alumnos para enseñar y aprender bien. No son cosas incompatibles.

Cuando argumentan que se elige la carrera docente “por la estabilidad laboral” no puedo dejar de pensar cuánto puede valer este argumento como para justificar todas las cosas que soportamos. Fines de semana que prácticamente no existen; preocupaciones que se van con uno y no dejan dormir; mala remuneración económica; una jornada laboral que no termina cuando te vas; ser el blanco de reproches y agresiones; asistir con enorme impotencia al sufrimiento de personas por las que no se puede hacer demasiado porque el sistema no lo permite; poner literalmente el cuerpo en la tarea; etc. ¿Justificarán una vida laboral “estable”? Pareciera que la cosa va por otro lado…

Por estos tiempos sentí que les debía escribir esto a mis alumnos y a mis hijos. A los primeros, porque no quiero que bajen los brazos pensando que la carrera que eligieron para sus vidas no tiene sentido. Hace unos días leía en Twitter a @andresrond contando la desazón de ser hoy estudiante de profesorado y estar escuchando o leyendo las cosas que se dicen de los maestros, y se me partía el alma. Con el esfuerzo enorme que hacen para terminar su carrera, que se cursa en 2 turnos al menos; no pueden trabajar; no hay becas; etc. tienen que asistir en estos días a discursos que no cesan de denigrarnos y humillarnos. “No es justo tanto esfuerzo por tan poco”, es lo que va a quedar si sólo podemos ver lo que se está diciendo.

A mis hijos, porque necesito que entiendan que tantos tiempos robados a la familia tienen un enorme valor también a nivel personal para mí; que aunque me vean cansada y agobiada sigo sintiendo que vale la pena y sigo pensando que podemos tener una escuela mejor.

No somos mártires; no hicimos votos de pobreza; no somos masoquistas; no elegimos sufrir. Optamos por una profesión maravillosa que vamos a defender para que podamos ejercerla con dignidad y disfrutarla, sin dejar que ningún árbol nos tape el bosque.

No somos locos; no somos tontos; no somos gente que “no nos da para seguir otra cosa” y entonces nos dedicamos a esto. Si bien habrá alguno por ahí que lo piense, la gran mayoría somos quienes elegimos estar donde estamos.

¿Sentimentalismo? Puede ser. ¿Pocas razones o muchas? Al menos son suficientes. Pero estos días si no recuperamos un poco el sentido de nuestro trabajo, correremos el riesgo de perder a unos cuantos colegas por el camino.

Créditos imagen: Mauricio Etchevest, Maestras. Fuente: Flickr.

 

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3 comentarios

  1. Voy a agregar una razón más, que de tan obvia no está aquí escrita. La docencia es una de las principales profesiones a través de las cuales se puede cambiar el mundo. Sentir que tu tarea vale para hacer un mundo mejor… no es poco!!!! Gracias amiga por este post!

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  2. Cuando el niño pasa de la casa a la Escuela comienza el camino de integración social y debe usar recursos que desplegó para subsistir en ese nido, amén de aquellos que los adultos a cargo,sus padres ,fueron enseñándole .La Escuela es la primer prueba de ponerlos en acción y generalmente debe adaptarse y construir otros.La Escuela es un espacio de culturalización y socialización fundante que crea Ciudadanía.Su importancia se correlaciona no tanto con los conocimientos intelectuales en su contenido que variarán según las épocas,sino con sus sistemas de aprendizaje y fundamentalmente con su relación con las personas ,dentro de un encuadramiento,ya no primario,de crianza sino secundario y social con interrelaciones diferentes.No es sólo el Maestro sino el paradigma de diversidades en la que tiene que insertarse.por ser un lugar prototípico social y de autoridades diferentes a su casa.Un Ciudadano y por fin el Contrato Social que suscribimos los argentinos,por ende su identidad cívica. CASI,NADA,no…?

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