Educación: eso sobre lo que todos opinan

Me gusta que la educación esté en boca de todos: me parece que es importante que la sociedad se implique en algo que nos atraviesa. Sin embargo hay algo sobre lo que quisiera poner hoy la mirada: hay cuestiones de educación sobre las que no pueden opinar todos con total liviandad.

Si uno recurre a los medios y a las redes sociales se encuentra con que toda la gente, por el solo hecho de haber transitado por el sistema educativo, siente que tiene derecho a emitir todo tipo de opiniones referidas a la escuela, la enseñanza y los docentes. Valoro mucho la experiencia personal, pero cuando se minimizan o reducen temas como éste y se habla generalizando solamente desde lo propio y el sentido común, es necesario pararnos a reflexionar.

Una de las cosas de las que más leo y escucho hablar últimamente es la “calidad educativa”: que la escuela ya no es lo que era antes; que la enseñanza es peor; que la escuela pública ahora es un desastre; etc. Se realizan afirmaciones terminantes con una contundencia en la que todos parecen expertos respecto del tema. ¿Es tan fácil hablar de calidad educativa? ¿Podemos hacerlo sólo desde lo vivencial?

Cuando de medios se trata, se citan muchas estudios de “la Universidad de XX” mientras sea cualquier lugar que suene extranjero, elitista y prestigioso, para afirmar las cosas más inverosímiles como que hay que cambiar el horario de la escuela porque los chicos y los jóvenes no se pueden levantar temprano; que se “midieron los aprendizajes” de x cosa y que dio por ejemplo que usar pantallas hace mal; y podría seguir enumerando estudios de fuentes desconocidas que se citan para decir lo que sea. En este proceso de banalización de la educación, es claro que los docentes hemos dejado de ser “voces autorizadas” en términos de expertiz. Cuando todos hablan, el eje de lo verdaderamente relevante se corre cada vez más.

Pero no me malentiendan: no es que quiero que no se hable sobre educación. Por el contrario, me parece importante que todos se interesen en esto, pero tanto o más importante es que las voces que se expresan representen tanto la opinión de los que realmente saben lo que pasa en las escuelas (y con esto no me refiero a los llamados “especialistas en educación” sino a los docentes) como las de quienes participan de una comunidad educativa (padres, madres, alumnos, asociaciones, comunidades). Creo que las voces de los trabajadores de la educación aparecen absolutamente desdibujadas y negadas en los discursos de los medios y las redes sociales, configurando una suerte de expresión basada solamente en intereses particulares más que en una visión pedagógica.

No creo que sea casual la escasa presencia de la voz de los docentes y claramente eso explica el profundo desprestigio social de la profesión por el que estamos atravesando. Seguramente parte de la responsabilidad es nuestra en cuanto al lugar que ocupamos expresándonos escasamente de manera pública sobre temas educativos y dando lugar a que todos los demás lo hagan sin perspectiva para contrastar. Donde unos callan, los otros opinan.

Los docentes tenemos una larga tradición de baja exposición, quizás producto del permanente afán por evitar problemas o conciliar. Pero sin dudas esta actitud es la que nos posiciona negativamente en los momentos en los que se habla de educación y se nos pone en el centro de la escena como los responsables de todo lo malo: que hacemos paro; que no tenemos “vocación” suficiente; que no estamos bien formados; que no nos actualizamos…

Tampoco se trata de “enfrentarnos” a quienes nos ponen en esta posición. Pero sin duda necesitamos recuperar los espacios de opinión y comenzar a hablar de las realidades en las que trabajamos; de cómo es nuestra vida como trabajadores y como personas; de nuestros temores, de nuestras carencias, de nuestras necesidades.

Me gustaría que la educación pudiera estar en boca de todos pero generando espacios de diálogo y no conclusiones apresuradas basadas en percepciones personales y limitadas. La investigación en el campo educativo tampoco parece ayudar: suele suceder que quienes la llevan a cabo tienen poca relación con el mundo real de las escuelas. En nuestro país, cuesta mucho aún vincular los ámbitos académicos con una mejora de las prácticas pedagógicas y las escuelas se ven más como “conejillos de Indias” de los estudios de campo que como espacios de trabajo articulados con las universidades y los centros de formación.

Por último creo que los medios se llevan gran parte de la responsabilidad en la banalización del tema: consultando siempre a las mismas fuentes catalogadas de “expertas” , contribuyen más al engrandecimiento de la imagen de unos pocos y a la elitización de la opinión, que a la construcción de un campo de debate que nos permita analizar con más elementos superadores de la mera opinión personal.

Ya lo dice el refrán popular: “en el país de los ciegos, el tuerto es rey”. Y los docentes no parecemos ser ni ciegos ni tuertos en ese país…

Créditos imagen: http://www.ttmib.org/manejo2.html

 

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2 comentarios

  1. Lo que denominás “baja exposición de los docentes” me recuerda todo lo que se ex–ponen cuando se presentan a través de reclamos gremiales.No se trata que lo eviten pero no debiera ser el exclusivo perfil identitario hacia la comunidad.Si eligen presentarse como “trabajadores de la educación”que expliquen y o manifiesten la tarea específica que realizan.Pues además suelen ubicarse en un espacio de victimización.Me duele su quiebre de dignidad.Parece que han perdido el rumbo.Y al quedar saturados de una identidad gremial,como si hubieran buscado esa via para los cambios que necesitan, se han colocado al servicio de una manipulación propia de la política gremial.Y el lugar propio del docente ha sido “lavado”Nuevamente,lo siento.La comunidad no sabe qué hacen y generalmente lo remiten a un viejo modelo que cada cual conserva y los juzgan con recuerdos pretéritos desde alli.Mayor confusión aun.Para colmo no se observa un liderazgo lúcido y potente para abrir un surco despejado y convocante.
    Decir esto me entristece,y seguramente es acotado,pero con sinceridad.

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