La agenda del debate educativo: mirar para otro lado

Por estos días me voy enterando a través de los diarios de algunas ideas que la desde la gestión político educativa se están empezando a implementar. Las más resonantes han sido sin dudas la evaluación del aprendizaje y de los docentes; el pomposo anuncio del “cambio” en el enfoque y metodología de enseñanza de la lectura y la escritura que se expone en un artículo del diario La Nación y el que presenta la modificación en el sistema de capacitación y reconocimiento de puntaje docente de la Ciudad de Buenos Aires. Como no he tenido tiempo para sentarme a escribir no voy a extenderme a comentar sobre estas publicaciones ya que afortunadamente ha habido colegas que lo han hecho planteando muy buenos debates como Manuel Becerra en su blog “Fue la pluma” a donde publicó en “Conciencia fonológica vs. Psicogenética: ¿qué hay atrás del debate?” y “Seis razones para oponerse al cambio en el sistema de puntaje”; el análisis sobre el enfoque de conciencia fonológica de Nora Scheuer, investigadora de la Universidad del Comahue o la nota de Marilina Arias “Docentes: ¿qué esconde el decreto de Larreta para ponerle fecha de vencimiento al conocimiento?”.  Sobre el tema de la evaluación también recomiendo la lectura del blog de Manuel Becerra de su entrada respecto del Plan Aprender 2016.

Pero no es casualidad que en lo personal haya tenido que mantenerme en el blog al margen de estos debates en el momento en que fueron surgiendo, ya que siendo directivo la tarea cotidiana resulta incomensurable y agobiante sin dejar margen para desarrollar ninguna otra actividad. Esta problemática, que ha sido abordada justamente en algunas de las publicaciones que he referido más arriba, es lo que me lleva a escribir sobre qué está pasando con la agenda de los temas educativos que se intentan instalar cuando la realidad pasa claramente por otro lado.

Intentar hacernos creer que el cambio educativo se da por imponer fecha de caducidad a la capacitación que recibimos; por medir resultados de aprendizaje y avalar la profecía autocumplida de que “todo está mal” o por bajar un único sistema de enseñanza de la lectoescritura me resulta claramente una cortina de humo más allá de la gravedad propia de cada hecho y sus implicancias que fueran analizadas por mis colegas en los escritos referidos. Creer o tratar de hacernos creer que un sistema en crisis se soluciona por estas medidas, en vez de apuntar a la raíz esencial que está dada sin lugar a dudas por las condiciones de trabajo docente, es ni más ni menos que un distractor.

Quienes me leen asiduamente saben que no soy de las que creen que no se puede hacer nada hasta que se tomen decisiones políticas: de hecho brego por el contrario por una acción docente que trascienda las paupérrimas condiciones y despegue de la mediocridad “a pesar de”. Ahora: de ahí a negar la realidad hay un abismo. Lo que podemos hacer es ínfimo e imposible de escalar o transferir si no se modifican las condiciones estructurales. Y me parece que tratar de tirar bombas en áreas o temas que no son el núcleo duro de las necesidades del cambio no hacen más que entorpecer toda posibilidad de mejora.

Por otro lado, me parece que se trata de meras conclusiones lineales:

“tenemos problemas con la lectura y escritura = decidimos cambiar método por decreto”

“dicen que los docentes no están suficientemente preparados = imponemos la caducidad de la capacitación por 5 años”

Esto es lo que yo sencillamente llamo “manotazos de ahogado” pero que no son ingenuos: operan como espejitos de colores para no tomar las medidas de fondo que realmente es necesario adoptar.

El sistema está lleno de cosas absurdas y durante años hemos escuchado que no se mejoraban para no “tocar el Estatuto del Docente”, la Biblia de los derechos y obligaciones. Sin embargo, hemos asistido en los últimos años en la Ciudad de Buenos Aires a la modificación sistemática de numerosos artículos aunque por supuesto no aquellos esenciales que harían al cambio real.

Voy a dar algunos ejemplos que muestran las contradicciones entre las medidas que se toman por decreto y lo que no se toca del Estatuto:

En cuanto a las licencias…

El Artículo 70 O establece:

“o) Cuando el docente, como consecuencia de sus actividades, sea convocado por federaciones, organismos deportivos, educativos, científicos, artísticos o culturales, tanto del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como de las jurisdicciones nacional, provincial, o internacional o que, correspondiendo al ámbito privado, se encuentren oficialmente reconocidos, para su intervención en tales actividades en carácter de integrante de equipo, juez, jurado, director técnico, entrenador o expositor, se le concederá licencia con o sin percepción de haberes por todo el tiempo en que se requiera su intervención. También corresponderá la presente licencia al docente que deba acompañar a un alumno o grupo de ellos a una presentación de un proyecto institucional, a una olimpiada, justa o competencia nacional, provincial o internacional por haber resultado vencedor de una participación anterior. Las licencias a las que se hace referencia se deberán peticionar con la antelación necesaria que determine la reglamentación y el Ministerio de Educación evaluará la solicitud y decidirá en definitiva sobre su concesión o rechazo. (Conforme Ley 2136)”

Este artículo es sistemáticamente rechazado cuando se solicita. Varios colegas y yo misma hemos sido invitados como expositores en eventos en el exterior que han sido rechazados por “no contar con el auspicio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires”. ¿Acaso el GCBA puede auspiciar todo evento educativo o académico a lo largo y ancho del planeta? ¿Puede rechazarse una licencia que implica un reconocimiento al profesional docente y como si fuera poco considerarle como válidos cursos de dudosa calidad brindados a veces por sindicatos para los que puede incluso pedirse licencia por examen al tiempo que se le niega este reconocimiento? Alguna de las paradojas de las licencias…

Vamos a ver otro caso concreto del Artículo 70 R, aún mucho más grave por su deshumanización. En el momento en donde trabajamos en las escuelas el concepto de familias diversas, a partir de la mirada de la Educación Sexual Integral establecida por Ley hace ya 10 años, un docente no puede pedir licencia alguna si fallece el hijo de su pareja. ¿Familias ensambladas? ¿Qué es eso para el Estatuto? Ahora bien: un docente puede “enfermarse” semana a semana y pedir sucesivas licencias, dejando un tendal de alumnos sin atender, porque cuando no se solicita una licencia más extensa no es posible cubrir el cargo.  ¿Cuál es la lógica del sistema de licencias?

Podría aburrirlos con cantidad de ejemplos absurdos que marcan este tipo de contradicciones cuya resolución sería más que sencilla si existiera la decisión política real de reconocer derechos y plantear con claridad obligaciones.

Saliendo ya del Estatuto, podría hablarles de la absurda situación que equipara salarialmente a los directivos que estamos a cargo de escuelas de 4 niveles con 3 turnos con aquellos que tienen a su cargo un sólo turno y la cuarta parte de la matrícula. La jerarquización de los puestos de conducción no existe pero sí la hiperexigencia y la responsabilización absoluta legal y pedagógica ante todo. ¿Acaso es tan difícil pensar que a más trabajo implica mayor remuneración? Hay indicadores empíricos claros que podrían dar el reconocimiento necesario a la tarea pero no: se elige no tocar estos temas.

Un aspecto esencial es la burocratización excesiva y la judicialización de toda acción escolar. Al respecto les comparto este excelente artículo de la Revista Anfibia “Denunciar al maestro, enjuiciar a la escuela”, de Damián Huergo y Marcela Martínez, a donde se revelan situaciones cotidianas que van cuasi hasta el absurdo y que desmoralizan y entorpecen todo intento de cambio educativo.

Y para no extenderme voy a evitar ahondar en esta entrada sobre los temas que dejo enunciados y que son los que atraviesan el día a día de una escuela pública, conformando la agenda REAL de trabajo de quienes estamos en ella, enunciando sólo algunos a modo de ejemplo:

  • la imposibilidad de formarse porque se corre de un cargo a otro trabajando en 3 turnos para poder llegar a un salario docente que alcance;
  • los problemas para cobrar cuando se toma un cargo;
  • la relación con las familias;
  • la falta de respuesta por parte del Estado de las gravísimas situaciones inherentes a la vulneración de derechos de la infancia;
  • las condiciones críticas de infraestructura;
  • la burocratización de la gestión hasta el límite;
  • la falta de servicios esenciales como Internet;
  • la falta de becas suficientes para los alumnos;
  • la sobrecarga de actividades impuestas por las gestiones político-educativas para “mostrarse”;
  • el agobio de los docentes muchos de los cuales no son conscientes de que no se encuentran en las condiciones psicológicas necesarias para afrontar esta cotidianeidad, produciendo consecuencias en los chicos;
  • el hacer frente a las situaciones de violencia entre pares, intrafamiliar, de género, etc. sin contar con la formación ni las herramientas para hacerlo;
  • los cambios curriculares inconsultos que obligan a los docentes a implementar cosas que ni siquiera conocen a fondo o comparten conceptualmente;

Podría seguir esta lista con muchos de quienes me leen y creo que no la terminaríamos en varias semanas. Mi pregunta es cómo habiendo problemáticas concretas de tanta gravedad y necesidad de resolución urgente la política educativa mira para otro lado. En el escenario que asistimos vemos que los problemas reales y cotidianos pasan por lugares muy diferentes a los que impone la agenda que nos quieren instalar.

¿Qué tal si nos convocan a los protagonistas para armar la agenda de prioridades tendiente a implementar políticas educativas? ¿Acaso los docentes y directivos somos convocados de piedra en estas discusiones? Mientras quieren que sigamos la agenda que nos imponen: ¿qué van a hacer con los temas que aquí se enumeran y tantos otros?.

Podemos seguir quejándonos y diciendo que la educación es un desastre. Podemos seguir armando peleas cual “Montescos y Capuletos” sobre métodos; enfoques; etc. Podemos seguir cortando el hilo por lo más delgado y culpabilizando al docente de todos los males educativos. O podemos hacer las cosas bien y convocar un verdadero debate educativo con la comunidad y empezar a establecer un orden de prioridades en serio, a donde discutamos sobre realidades y no sobre ficciones que nos quieren imponer como por allí pasara la importante.

Me parece que ya no tenemos mucho margen para seguir dando vueltas y haciendo “como si”: necesitamos hacerle frente a la realidad y juntos, porque sino nos esperan épocas a donde no va a quedar nada por remontar. Funcionarios a cargo de las carteras educativas, por favor dejen de mirar para otro lado. No estamos distraídos, estamos esperando que estén a la altura de las circunstancias.

Créditos imagen: Olga Berrios, Agenda activista. Fuente: Flickr.

 

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