Innovar en el aula no es jugar con “chiches tecnológicos” o inventar palabras extrañas

Uno sabe que lo escribe en un lugar público como este blog puede caer bien o no a quienes lo lean. Tal vez por eso algunas entradas cuestan tanto en salir a la luz, porque pensamos muchas veces en los potenciales lectores. Pero también pasa que hay algunas cosas que llevamos tiempo diciendo entre colegas de confianza pero no expresamos públicamente, a veces por temor a las “represalias laborales o académicas” que podamos tener. Claro está que a veces, ciertas cosas ameritan igual ser dichas si uno espera realmente que algo cambie. Quienes tienen “el poder” de dar o no dar acceso a la palabra de otros – los censores de las diferencias de opinión-, al fin y al cabo operarán igual dejándonos afuera para callarnos así sea que expresemos o no públicamente lo que pensamos, sencillamente por el hecho de que “no pertenecemos” a los grupos que instalan los discursos pedagógicos. Tal vez por eso sea mejor ser siempre “periférico” y mantener la independencia de opinión y de criterio.

Llevo algunos años discutiendo con colegas cercanos este tema: cuando asistimos a eventos destinados a docentes a donde vemos que se presentan experiencias tecnológicas “sublimes” basadas en dispositivos a los que sólo tienen acceso las élites, nos preguntamos para qué sirve todo esto. Innovar no es tener en un aula los últimos dispositivos tecnológicos, ya que es algo que parece algo totalmente inviable.

Cuando veo los “labs”; los centros experimentales; los grupos de “geeks” o “tecno fans” o intelectuales (qué más da…), mostrando la aparatología de última generación y diciendo que eso va a revolucionar la educación, no puedo dejar de preguntarme qué impacto real pueden tener sobre ella.

Como si fuera poco estos eventos llegan acompañados de una innumerable serie de “nuevas expresiones” que en definitiva no quieren decir nada concreto, pero suenan realmente fascinantes. Cuanto más adjetivado esté todo lo que pasa por el moderno discurso de innovación, parece mejor. Escucho repetir cómo nos hablan de lo que es “potente”; “genuino”; “remixado”; “inspirador”; “trans…algo”… Se trata de un grupo selecto que se reúnen entre sí para elogiarse esas nuevas palabras y trasladar los “discursos pop” a públicos docentes, con la intención de deslumbrar el auditorio. Recetas y pócimas mágicas para el éxito de la enseñanza, pero eso sí: la mayoría de ellos no pisa un aula real más que para tomarse una foto experimentando con “sujetos reales de aula” que se asemejan en términos de investigación a “conejillos de Indias”; o incluso algunos de ellos jamás la han pisado, aunque todos opinan. De los problemas reales cotidianos que viven los docentes nada…

Pero lo que más me molesta de este fenómeno es el profundo desprecio con que se suelen expresar acerca de los docentes, endilgándoles la culpa de la falta de innovación a la voluntad personal. Sencillamente ven a maestros y profesores como gente poco capaz de comprender sus planteos, salvo algunos pocos elegidos a los que toman como “modelos” para la práctica de los demás. Claro está que las experiencias en educación no son automáticamente transferibles a todo contexto, pero sin embargo ellos parecen creerlo. Y no es porque lo hayan comprobado por sí mismos sino porque encontraron “el caso” que les demuestra algo cercano a lo que esbozaron en su lenguaje “tecno pop”.

Yo misma suelo apelar a la iniciativa de los colegas para empezar un camino de cambios, pero sabiendo que es posible sobre la base de haberlo intentado antes con otros y pensando en lo que podemos hacer en los contextos reales y en las condiciones en que trabajamos.

Lo extraño es que se termina generando un fenómeno bipolar: algunos docentes permiten que los “encantadores de serpientes” los dejen boquiabiertos y se quedan pensando cómo harían para llevar algo de todo ese vacío discurso fascinador a la práctica; mientras que otros se resisten de cuajo a las innovaciones identificándolas con prácticas inconducentes y descontextualizadas, totalmente alejadas de las realidades cotidianas de trabajo, que deben ser combatidas. En el medio, pareciera no haber alternativas.

Si bien a veces las innovaciones requieren de muchos años antes de que logren instalarse, estaremos lejos de hacerlo mientras miremos opciones totalmente alejadas de las realidades del aula. A veces la innovación es mucho más sencilla de lo que se presenta como horizonte inalcanzable y consiste en hacer algunos pequeños cambios sobre prácticas educativas enquistadas. El problema está en que mientras exista un discurso que asocie innovación con modelos de otros países; dispositivos tecnológicos imposibles de tener en la escuela o prácticas totalmente alejadas de la enseñanza de contenidos curriculares (función central de la escuela); estaremos bien lejos de lograrla.

Me preocupa también cómo estos discursos “tecno pop” inhiben el potencial de cambio: hay quienes por visualizarlos alejados de la realidad, generan una resistencia que a veces puede llegar a la tecnofobia. He llegado a escuchar a maestros de primaria decir “- Nos capacitan mucho en esas “maquinitas” (en referencia al uso de las netbooks) y nos hacen perder el tiempo para capacitarnos en las áreas curriculares”, poniendo una clara incompatibilidad a donde no la hay.

También veo con desconfianza qué pasa con aquellos que se fascinan con ese discurso de la tecnología como forma de revolucionar las aulas, y después terminan reforzando con la tecnología lo más recalcitrante de la enseñanza tradicional: clases expositivas pero “animadas”; experimentaciones mecánicas en donde se aplican procedimientos tecnológicos que lejos están de facilitar la comprensión de conceptos y procesos porque sólo refuerzan la mecanización; y mucho salir a mostrar “lo modernos que somos” haciendo las cosas con la computadora pero sin cambiar nada de las formas de enseñar. Eso sí: a estos últimos les dan espacio para poner en la vidriera lo que hicieron, mientras que a los otros los excomulgan de las filas de la innovación.

Hoy estoy más convencida de la posibilidad de cambiar las pequeñas cosas de arrastre que hacen de la escuela un templo del conocimiento del siglo pasado, que de empecinarnos en “ir por todo”. Me ubico más dentro de la idea de recuperar prácticas que funcionaron en algunos contextos y tratar de resituarlas y adaptarlas que de inventar algo nuevo. Y no creo que sea porque me conforme con poco, sino porque pienso en la necesidad de escalar el cambio. Si nos quedamos en experiencias aisladas, nunca veremos reflejado un nuevo sistema educativo.

Me parece que estos grupos de académicos o funcionarios “tecnoeducativos” lejos de contribuir al cambio lo que hacen es simplemente reafirmarse sus propios discursos endogámicamente. La posibilidad de innovar está en el día a día en las aulas de verdad, no en eventos ni laboratorios de prueba. Creer que juntar muchos docentes para aplaudir a gurúes al salir va a cambiar mágicamente las prácticas por efecto “inspirador” es una fantasía.

Y con esto no quiero decir que los docentes dejemos de probar cosas interesantes como enseñar con videojuegos; incluir la lectura y escritura digital; probar modelos mixtos con entornos virtuales; etc. sino más bien todo lo contrario: creo que hay que animarse a lo posible y vencer algunas resistencias, pero sin necesidad de seguir a los “gurúes” de la innovación sino más bien de probar siguiendo el instinto docente que suele funcionar muy bien.

Finalmente me parece que para apropiarnos del discurso de la innovación y del cambio somos los docentes quienes debemos generar nuestros propios eventos de intercambio de ideas y experiencias, ampliando las comunidades y espacios de colaboración entre pares. Tengo claro que la mayoría de las veces no contamos con el tiempo ni los recursos que tienen los otros para armar esos espacios, pero mientras no alimentemos los propios será difícil avanzar. Los blogs de docentes son un enorme paso en este sentido porque nos permiten compartir, pensar juntos, debatir, analizar, probar, conocernos e identificar buenas prácticas que puedan operar como modelos de acción.

¿Será hora de organizar nuestro propio evento para intercambiar “cara a cara” entre los que queremos innovar en aulas reales?

Créditos foto: Meet The Media Guru | Cory Doctorow. Event:Meet The Media Guru | Cory Doctorow. 6th March 2009.Venue: Mediateca Santa Teresa, Milan, Italy. Fuente: Flickr.
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4 comentarios

  1. Muy claro e interesante. Comparto tus opiniones. Si bien no es siempre así, sí lo es en muchos casos. Me parece que se enmarca en un problema más general: somos una sociedad que adopta acríticamente los cambios tecnológicos. La tecnología es como es, pero nos cuesta pensar que podría ser de otro modo. Aceptamos obsolescencia programada, atentados alevosos a nuestra privacidad, etc, etc. Otra tecnología es posible, pero hay que animarse a pensarla. Difícilmente se propicie ese pensamiento crítico en el aula de un docente obnubilado por un “tecnogurú”.

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