Secundaria del Futuro: la máquina de humo

Esta semana tuvo lugar una acción claramente partidaria de lanzamiento de una nueva etapa de la Secundaria del Futuro. El mismo equipo del Ministerio de Educación y el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, quienes permanentemente “acusan” a los docentes de “hacer política”, hicieron un mega evento en el Planetario y llamaron a todos los medios amigos para la cobertura, con el supuesto objeto de hacer este anuncio. Les propongo analizar lo que se dijo en los medios acerca de este evento.

Para contextualizar el tema vamos a explicar que el proyecto de la “Secundaria del Futuro” se ha implementado en el ciclo lectivo 2018 en 19 escuelas de la Ciudad de Buenos Aires y una de ellas es la que está a mi cargo como Rectora. Ese ese grupo “piloto” está conformado por 9 instituciones que pertenecen al área de la Dirección General de Educación Superior y por ende conforman parte de los 29 profesorados en lucha contra el proyecto UniCABA que busca desintegrar el sistema de formación docente de la Ciudad. ¿Por qué doy este dato? Sencillamente porque las comunidades que conformamos este grupo hemos sido estigmatizadas y castigadas por el Ministerio de Educación por nuestra lucha. Tal es así que a pesar de decir en los medios que se invitó a las autoridades al evento, ninguno/a del grupo fue convocado/a.

Más allá de las acciones de disciplinamiento que venimos soportando, vamos a analizar las declaraciones acerca del proyecto en cuestión. Vamos a partir de afirmar que todos coincidimos en que la escuela secundaria necesita cambios importantes y que obliga un análisis profundo del que se desprendan las mejores estrategias para lograr una mejora. En esta línea, es necesario recordar que por más que sea posible coincidir con algunas afirmaciones generales de lo que escuetamente se planteó como proyecto para esta “Secundaria del Futuro”, con grandes anuncios no se obtienen mejoras reales.

No todo lo que reluce es oro

Cuando arrancaron con este proyecto en CABA salieron con algunas afirmaciones que quienes trabajamos desde hace tantos en el sistema educativo obviamente hemos dicho reiteradamente: que había muchos espacios curriculares que articular; que había que cambiar el sistema de evaluación; que había que implementar una forma de trabajo por proyectos. Nada que no hayamos conocido pero que, dicho todo junto, daba un “barniz de modernidad”.

Por supuesto que muchas escuelas y equipos intentan trabajar estos puntos desde mucho antes de comenzar a hablar de “Secundaria del Futuro”, pero no logran hacerlo porque es imposible luchar contra viento y marea enfrentando las condiciones de trabajo y la organización institucional del nivel medio. Es por eso que cualquier cambio debería estar acompañado de la toma de decisiones sobre estos aspectos. ¿Algo de todo esto sucedió? Analicemos.

El único cambio que se estableció sobre el sistema de trabajo docente fue la implementación de una hora de clase a donde se cruzan dos profesores/as frente a un grupo, intentando hacer algo que dan en llamar “interdisciplina”. Claro que creer que por estar en un mismo espacio y tiempo durante una hora va a garantizar que se diseñen y desarrollen proyectos que articulen campos disciplinares no es más que una loca fantasía.

En las escuelas medias ya se venía trabajando la ampliación de la conformación de cargos para los/as docentes que implicaran una mayor inserción horaria en una misma institución. ¿Creen que lo que se ha hecho terminó con lo que se conoce como “profesor/a taxi”, aquel que va de escuela en escuela? Rotundamente NO. ¿Por qué? Sencillamente porque la conformación de cargos no puede establecerse moviendo el tablero como si nada ya que se afectan las situaciones de revista (se puede ser titular o interino en una escuela y suplente en otra, lo que implica que no pueden mezclarse los cargos, la estabilidad, la carga horaria, la configuración de ese horario).

Cabe destacar que para poder hacer esta distribución cada equipo de conducción debió pasar horas y horas intentando rearmar los horarios y, en el camino, varios/as profesores/as perdieron horas o desarmaron cargos anteriores en las reubicaciones. O, lo que también es peor, algunas escuelas con estas maniobras perdieron muy buenos docentes.

¿Qué dijo sin embargo la Ministra Soledad Acuña en Clarín al respecto?

“Logramos en este primer año que el 30% del tiempo de las clases sea compartida entre profesores de distintas materias que planifican en forma conjunta 2 horas por semana. Ahora el 25% de las planificaciones ya son por áreas. Pagamos un plus a los docentes que planifican de esta manera, para que se vayan concentrando en esta nueva dinámica. Además, con la nueva forma de evaluar bajamos en 11% la cantidad de alumnos en riesgo de desaprobar el año”.

¿Qué representa esa cifra de “plus” a los docentes”? Resulta un gran misterio salarial.

Es importante establecer que tanto la conformación de cargos como las iniciativas de proyectos ya existían como experiencia en la historia de la educación media de la Ciudad de Buenos Aires y no se ofrecen como “novedad” o en términos de “innovación” como se quieren presentar hoy. Yo misma hice mi escuela secundaria dentro de la experiencia que se conoció como “Proyecto 13” que instalaba ya en los ´80 algunas de estas ideas. De paso recomendaría su relectura y análisis a los actuales funcionarios para ver cómo se fundamenta una experiencia de reforma o mejora educativa trascendiendo la presentación de un Power Point. Hasta el documento escrito a máquina tiene un contenido más sólido.

Entre el panóptico y la cultura maker

Otro de los mensajes que forman parte de la comunicación oficial que “vende” este proyecto tiene que ver con la posibilidad de generar proyectos. En lo personal, llevo tantos años hablando del trabajo por proyectos y de tratar de que se implementen en las escuelas que me parece algo absolutamente cotidiano. Es más, es necesario decir que el trabajo didáctico por proyectos tiene ya una trayectoria de 100 años desde sus orígenes. No vamos a extendernos aquí, pero les recomiendo leer a Francesc Imbernón haciendo un poco de historia sobre el método de proyectos.

Una de las tantas cuestiones que rescata este enfoque se relaciona con el desarrollo de un “saber hacer”, de un sentido práctico que acompaña todo desarrollo teórico y conceptual con el objeto de lograr que los aprendizajes que se producen sean significativos y relevantes. ¿Quién podría cuestionar esta idea? Sobre todo cuando se piensa en el marco de la promoción de una autonomía progresiva en los/as alumnos/as.

Sin embargo, resulta una gran contradicción ver cómo esta poderosa idea de los proyectos en la práctica se da un golpazo frente a la política de absoluta centralización y control por parte del Ministerio de Educación de todo lo que se produce en las instituciones.

La “Secundaria del Futuro” vino entre otras cosas acompañada por la puesta en marcha de una plataforma on line llamada “Mi escuela”. Por indicación ministerial existe la obligación de cargar en ella toda la información referente a cada proyecto que se genera, su planificación y la evaluación y seguimiento de todos/as y cada uno/a de los/as alumnos/as de cada curso. Es decir que todo el plantel docente pasa gran parte de su tiempo cargando la información en la plataforma. ¿Cuál se supone que es la finalidad?

Esta parte del proyecto se vende como si fuera la posibilidad de las familias de acceder a la información del desempeño de los chicos/as. Claro que la información se puede dar por medio de un cuaderno o un boletín, pero la impronta de “modernidad” obliga a hacerlo mediado por tecnología.

¿Sabemos si esto confiere mayor efectividad a la propuesta? No, de ninguna manera. Lo único que tenemos claro es que produce una enorme sobrecarga respecto del trabajo docente que no es remunerado. Hoy por hoy se trata de una experiencia que se reduce al primer año y sólo a un grupo de estudiantes, pero imaginen lo que será cuando avance sobre la totalidad y cada docente se vea obligado a cargar esta información.

Como si fuera poco, esta plataforma opera como una manera de “espiar” y controlar desde la administración central lo que se trabaja en cada escuela. Hoy son 19, ¿y cuando sean 200 escuelas qué va a pasar? Este control centralizado le confiere a la administración central la fantasía del dominio de lo micro. Esa suerte de “panóptico digital” les permite después salir a hacer afirmaciones utilizando información escolar de la que, incluso, nadie pide autorización para usar como propaganda política.

Lo más insólito es que esa información cargada en la plataforma, que podría ser útil por ejemplo para los equipos de conducción para tomar decisiones, no nos permite sacar reportes académicos valiosos a la propia escuela. Posiblemente desde el Ministerio puedan hacerlo, pero estas funciones de compilación, estadísticas globales y comparaciones no están disponibles para las instituciones. Y al ser una aplicación cerrada tampoco permite adaptarla a las necesidades particulares de cada escuela.

Comparar peras con melones

Uno de los aspectos que más destacan desde el gobierno y que recogen los medios es la evaluación, caballito de batalla permanente de esta gestión. En primera instancia resulta muy contradictorio ver la obsesión por la evaluación centrada en el control, combinada con un discurso que propicia el desarrollo de proyectos: nada más alejado de este enfoque!

Desde el Ministerio salieron a afirmar que se había logrado mejorar el rendimiento en lo que va del año, comparativamente con el año pasado.

Esto se constituye lisa y llanamente en una mentira brutal. Partamos de que se ha impuesto un nuevo sistema de evaluación, que establece bimestres y cuatrimestres como períodos contra lo que antes eran trimestres. Este sistema además trajo la combinatoria de una calificación nominal por bimestres (suficiente, destacado, avanzado, etc.), con una calificación numérica por cuatrimestres. Más allá de la enorme confusión que esto genera (cabe destacar que en didáctica siempre enseñamos la adopción de un único sistema de escalas de calificación), no es posible comparar un sistema como éste con el que había el año pasado por trimestres y calificaciones numéricas. Sencillamente, estaríamos comparando cosas incomparables.

Más allá de hacer mal esta operatoria, es importante establecer que el Ministerio de Educación no accedió a la información del primer trimestre 2017 por alumno, ya que no existía el sistema actual. Entonces… ¿cómo hacen para sacar conclusiones respecto de la mejora en el rendimiento cuando no tienen ni siquiera la información para establecer comparaciones y cuando responden a sistemas absolutamente diferentes de calificación?

Así lo cita Infobae:

“Según cifras oficiales, la cantidad de desaprobados en el primer período descendió del 47 al 23% con respecto al año anterior. También bajó un 11% la cantidad de alumnos en riesgo, con tres o más materias desaprobadas.”

Lo más increíble de todo, es que recién pasó poco más de la mitad del ciclo lectivo y ya están hablando de bajas en la cantidad de alumnos en riesgo. ¿Cómo sacan este dato sin concluir el año escolar?

Miente, miente… que algo quedará!

Estamos todos de acuerdo en que hay que cambiar la secundaria. En lo que no acordamos es en que nos mientan sobre lo que se invierte para hacerlo y la realidad que se vive en las escuelas.

Mejorar la educación siempre es un proceso lento y los resultados pueden apreciarse recién con el paso del tiempo. Instalar una falsa idea de que en pocos meses pueden verse resultados optimistas es sencillamente una mentira descarada y constituye ni más ni menos que una acción de marketing partidario, con el objeto de hacer creer que esta gestión de gobierno está haciendo cosas, con miras a las próximas elecciones.

Esto se consigue sin lugar a dudas con la complicidad de los medios que dan difusión a estos mensajes de modo irresponsable: la educación es algo demasiado importante como para mentirle a la ciudadanía acerca de lo que pasa con ella. Para que las cosas empiecen a estar mejor en este terreno es necesario sincerar y transparentar como punto de partido y no instalar falsas ideas. Resulta paradójico que un gobierno que todo el tiempo acusa a los/as docentes de estar “politizados” le dé un uso partidario y electoralista a temas educativos de tanta relevancia.

El rol de los medios ha sido también peligrosamente irresponsable en esta última operación de prensa, cuando salieron a afirmar que estas escuelas, en las que se habían hecho “tomas” para resistir este proyecto, mostraban valores de mejora. Trataron así de volver a instalar la idea de que que hay que erradicar la participación política de las escuelas, esbozando incluso que las nuevas instituciones que se eligieron para continuar el proyecto son aquellas a donde los Centros de Estudiantes son menos activos. De este modo dieron a entender que existe un sistema de “premios y castigos” de acuerdo con el perfil de cada escuela.

Sin dudas otra de las cuestiones sobre las que deberá ponerse el ojo será la relación entre la inversión que se ha hecho; la cantidad de escuelas/población sobre la que impacta y los resultados logrados, cuando efectivamente puedan evaluarse por el tiempo transcurrido poniendo en acción dispositivos adecuados para hacerlo.

Será necesario poner sobre el tapete por ejemplo si la adquisición de gran cantidad de equipamiento fue relevante para las prácticas pedagógicas; cuáles fueron los criterios para su selección y cuál la efectividad para poder trascender lo que podría considerarse como un mero “circo tecnológico” que no logra impactar sobre la mejora de la enseñanza ni de los aprendizajes.

Un punto aparte y que resulta contundente es el tema de la conectividad prometida, que hasta el momento no ha logrado funcionar más que unos 20 minutos seguidos sin caerse y provocando la reprogramación de la mayor parte de las actividades que la requieren. No es menor el hecho de que se ha realizado una enorme inversión para dotar de una supuesta conexión de alta velocidad a las escuelas. ¿Cómo se explica que lleve 7 meses sin lograr funcionar?. Y ni siquiera vamos a hablar de la calidad de esa conexión, que inhibe el uso de los celulares porque no resiste que se utilicen estos dispositivos.

Un futuro ilusorio

Seguramente una de las primeras cuestiones que debiéramos plantearnos es si resulta positivo poner el carro adelante del caballo, tratando de imponer la idea de que el futuro es más importante que el presente. Hoy necesitamos resolver para la totalidad de las escuelas medias de la Ciudad de Buenos Aires temas prioritarios que estallan cada día, que van desde las cuestiones de infraestructura más elementales (incluyendo la falta de conectividad) hasta las socio-pedagógicas como la carencia absoluta de circuitos de asistencia de los/as chicos/as que atraviesan cada vez situaciones familiares y personales más críticas.

Otro punto ineludible es el de las condiciones de trabajo docente y una ecuación que no logra entenderse: si hay presupuesto para comprar chiches tecnológicos variados; para poner mobiliario impactante; para repintar un cúmulo de aulas… ¿por qué no hay para aumentar salarios, mejorar la infraestructura y dar becas de estudio?.

La gestión de la cartera educativa pone en juego la toma de decisiones en base a prioridades bien marcadas. Cuando se elige no considerarlas es porque hay una intencionalidad de eludirlas. ¿Qué futuro educativo tenemos si seguimos por este camino?

Por último, voy a hacer una aclaración para un escaso grupo de lectores: los funcionarios ministeriales. Todo lo que escribo acá tiene referentes empíricos para ser comprobado y corre bajo mi absoluta responsabilidad. No tengo ningún problema en tener un debate público al respecto y fundamentar cada una de estas afirmaciones.

Los otros lectores se preguntarán por qué digo esto: sencillamente porque se ha amedrentado a algunos miembros del equipo de mi institución porque hablo desde este blog de la realidad de las escuelas y se los acusa de “pasarme información”. Como directivo imaginarán que no necesito esto porque caminando cada día las aulas; charlando con docentes y estudiantes; con familias; con colegas; se logra compilar información suficiente para realizar un análisis con fundamentos pedagógicos y didácticos. Si la intención real fuera la mejora y no la propaganda partidaria, seguramente esto tendría algún valor evaluativo. El problema es que como se usa de otro modo terminan cayendo en la bajeza de querer callar las voces. Pero claro: así seguro que no vamos a conseguir cambiar la educación. Amenazar como forma de disciplinar no es una opción que sume. Esto, para la mayoría de nosotros/as, resulta más que obvio.

Fuente del video explicativo: http://www.ademys.org.ar/v2/la-secundaria-del-futuro/
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