La secundaria en la agenda: campo de batalla

Tengo tantas ideas que se me cruzan por la cabeza que espero poder ordenarlas en esta entrada. Venimos de semanas tremendas en la escuela que se suman al virulento ataque sufrido a comienzos del ciclo lectivo 2017 por el tema de los paros docentes, en el que los medios jugaron un rol activo para la configuración de un nuevo “enemigo maestro” a quien atacar sin reparos. En año electoral todos sabemos, la educación es un trofeo que se disputan de todos lados.

Hoy nos toca de cerca en la Ciudad de Buenos Aires el conflicto por el anuncio de reformas en la escuela secundaria. Bajo el nombre de “Secundaria del Futuro” la actual gestión ha puesto hace pocos meses en agenda un plan que propone diversos cambios a poner en marcha en algunas escuelas desde el 2018, entre ellas la que conduzco.

En el marco de otros reclamos de arrastre para el nivel, esta propuesta se vivió desde los estudiantes como “la gota que rebalsó el vaso” y ante la cual comenzaron a plantear como medida de protesta la “toma” de las escuelas. Al día en que escribo esta entrada son 19 las escuelas tomadas por los alumnos de la Ciudad de Buenos Aires, con toda la indudable conflictividad que esto acarrea.

Las tomas son una forma de protesta que tiene una historia importante en nuestro contexto. Sobre las más cercanas en el tiempo, recordemos hace 4 años en esta misma jurisdicción el movimiento en contra de lo que se denominó la “Nueva Escuela Secundaria”, quien supuestamente planteaba una serie de cambios en el aula que no fueron puestos en marcha y que hoy esta “Secundaria del Futuro” estaría retomando. Me releía a mí misma hace 4 años sobre la experiencia de las tomas y me sorprendía por las similitudes con las actuales. Allí se anticipaba que tocar contenidos curriculares no lograría impactar en absoluto sobre lo que realmente pasa dentro de las aulas. Hoy empiezan a aparecer en la agenda estos temas, sin dudas mucho más tarde, pero digamos todo: afortunadamente empiezan a plantearse.

Hago esta historización para entender por qué hoy no podríamos contradecir aquello que decimos desde hace años: romper la fragmentación de disciplinas en la secundaria y pasar a una articulación interdisciplinaria; trabajar por proyectos sobre la base de problemas significativos para cada comunidad; terminar con la mera transmisión de información de aquello que podemos encontrar googleando. Sobre estos aspectos, es imposible no tener coincidencias con esa parte de lo que plantea la “Secundaria del Futuro”.

Tampoco podríamos disentir con la necesidad de tener tecnología disponible para uso cotidiano que permita llevar a cabo trabajo colaborativo y autónomo, pero sobre todo una conexión a Internet de calidad con el ancho de banda suficiente para ser utilizado por todos en la escuela. En lo personal lo vengo reclamando de hace años y años. Claro que hablo de cosas concretas y no de slogans de campaña: tener Internet disponible en todas las aulas no puede ser siempre una frase marketinera y nada más.

Mucho menos podría negarse la imperiosa necesidad de revisar los sistemas de evaluación que conducen a los altos índices de fracaso. Hasta aquí, en declaraciones de principios e ideas, podríamos estar todos de acuerdo.

Lo que aparece como punto crítico sin lugar a dudas es el cómo se encara este cambio y con qué tiempos y actores implicados. En este plano es donde no logramos los acuerdos necesarios. ¿Acaso éstos resultan temas menores? No lo creo. El problema está justamente en las condiciones para la implementación. Pero como si fuera poco, luego se fueron agregando otras cuestiones de fondo que acompañaron este proyecto y resultaron más controvertidas, tales como el tema de las pasantías laborales en el último año de la escolaridad secundaria.

A esta altura existen aún muchos puntos que no han sido clarificados y que son objeto de debate dentro del mismo proyecto. La falta de definiciones que retarda la comunicación profundiza las diferencias y nos va alejando de los pocos acuerdos que es posible lograr. ¿Cómo retomamos un camino cuando esto se ha configurado como un campo de batalla?

La escuela no es Tupac Amaru

Al día de hoy, lo cierto es que mientras cada uno tironea para quedarse con una parte de lo que quiere para la campaña, la escuela va quedando destrozada y quienes estamos en ella conformamos una suerte de “grupo rehén” a donde recaen los reclamos de unos y otros que quieren llevarse su tajada. ¿Alguien puede pensar que esto va a terminar bien?

Todo proceso de cambio que no involucra la participación de todos los actores implicados y que se concibe de forma vertical conlleva estos riesgos. De allí que al menos la comunicación deba funcionar muy bien para poder aunque más no sea entablar los debates básicos que se requieren. Lo que es más que claro es que ningún cambio se hace sin la implicación de los actores esenciales, en este caso los docentes y los equipos de conducción de las escuelas.

En medio del agobio cotidiano en el que estamos sumergidos, producto de nuestras pésimas condiciones de trabajo y nuestros críticos escenarios escolares, resulta al menos dificultoso emprender un proceso de cambios de esta envergadura con los tiempos y espacios que tenemos. Y claramente las responsabilidad de la generación de ellos no recae en las instituciones sino que proviene de decisiones políticas que las habiliten. Podemos ponerle mayor creatividad, mejor voluntad, pero así y todo nos toparemos con una pared si no hay espacios garantizados para debatir y diseñar ese cambio al interior de las escuelas. Información relevante que aporta en este sentido es la suspensión de las Jornadas Institucionales previstas en el año para el trabajo con los equipos docentes, que fueron eliminadas por decisión del MInisterio de Educación luego de los paros de inicio del año. Dato importante: se suspendieron sólo en las escuelas estatales, las escuelas privadas las conservaron. Es decir que las escuelas privadas contaron con la posibilidad de reunirse a pensar y planificar mientras que las estatales no.  En este contexto es lógico suponer que será “la profecía autocumplida”.

La institución esquizofrénica

En este escenario nos cabe pensar además en la realidad que se nos impone por delante el año que viene a quienes implementaríamos la “Secundaria del Futuro”: dado que el proyecto se pone en marcha sólo en 1er. año, en nuestra escuela tendríamos esta experiencia junto con 2do. a 4to. año implementando aún la “Nueva Escuela Secundaria” y un 5to. año con el plan anterior. Podríamos considerarnos una “escuela de personalidades múltiples”: los mismos directivos y docentes trabajaríamos sobre tres modelos diferentes en simultáneo. ¿Quiénes están pensando en el tremendo impacto y la fragmentación que esto generará al interior de la institución?

Gestionar un cambio conlleva una enorme complejidad e implica una permanente revisión de las prácticas y un atento proceso de evaluación continua. ¿Cómo podremos encararlo en paralelo con los otros modelos de trabajo? Sin dudas esto constituye un enorme problema del que otra vez tendremos que encargarnos de resolver quienes estamos en las escuelas.

Entiendo y hasta comparto la lógica de una implementación gradual. Sin embargo, no creo factible esa gradualidad al interior de la institución cuando son las mismas personas las que trabajan en diferentes años de la escuela. No puedo dejar de ver la sobrecarga laboral y la complejidad que esto implica. La gradualidad puede verse a nivel sistema (con la propuesta por ejemplo de “pilotos”), pero no puede implicar una fractura al interior de una misma institución.

La criminalización de la expresión

Con tantas cuestiones de por medio por definir, es razonable visualizar los conflictos. De allí la explicación del por qué este tema ha levantado tanta polvareda los últimos días al interior de las escuelas, aunque los medios no se hayan hecho demasiado eco. Las tomas confirieron visibilidad a problemas que ya estaban emergiendo.

Criminalizar las tomas se entrama dentro del mismo discurso de criminalización de la infancia y la juventud. Y con esto no quiero decir que todos los chicos sean iguales y que no sea necesario poner límites a los actos de vandalismo; las agresiones; etc. pero sí quiero poner de manifiesto que no todo puede ponerse en la misma bolsa. Por alguna extraña causa llevamos ya varios años sin lograr encontrar un término medio sobre estas cuestiones y oscilamos entre permitir cualquier cosa en nombre de la inclusión a cualquier precio o reprimirlos como si de adultos se tratara.

Tenemos una gran asignatura pendiente sobre el tema de los límites que hoy se pone sobre el tapete con la discusión de los derechos “de unos y otros”. ¿Tenemos derechos más importantes que otro? Difícil determinar algo así. Pero lo que es claro es que tenemos que encontrar soluciones que no vulneren los derechos de niños y jóvenes en ningún sentido. En este delicado equilibrio nos está faltando mucho diálogo y un rol más responsable por parte de los adultos. El nivel de agresiones que se observa en cada intercambio da cuenta de la imposibilidad que estamos teniendo como sociedad de recuperar lo más esencial del debate democrático. ¿Podemos acaso exigirles a los chicos lo que los adultos no estamos siendo capaces de lograr?

¿Queremos salir? ¿Cómo salimos?

La escuela pública es de todos y para todos. Puede no gustarnos lo que opinan o cómo actúan algunas familias o docentes pero no somos jueces del pensamiento o la acción de los otros. El punto está en encontrar los espacios y las formas de debatir desde el respeto de las diferencias, sabiendo que muchas veces no lograremos acuerdos y que no por ello implicará que cortemos el diálogo.

Hoy estamos en una arena de conflicto de la que necesitamos salir. Los únicos que se benefician con esta situación que atravesamos son los que siempre desprecian las escuelas públicas desde un prejuicio profundo y fogoneado por los medios. Para eso tenemos que recuperar los espacios de diálogo con urgencia y la capacidad de negociación. Si cada uno radicaliza posiciones y se cierra estaremos un buen rato empantanados. Pensemos estratégicamente y no sólo desde los posicionamientos personales: sólo podremos salir como colectivo.

A los gremios docentes les cabe una responsabilidad en cuanto representantes de este sector: llevar la voz, reclamar la apertura de los canales que hoy no existan. A las familias les queda el desafío de convivencia respetuosa en la diferencia, entendiendo que la escuela no se trata de un botín que se reparte como cada uno quiere. A los alumnos les cabe la posibilidad de repensar las estrategias de lucha y precisar los reclamos de manera tal que tengan el menor impacto negativo sobre sus trayectorias estudiantiles que ya se están viendo afectadas. A los directivos y docentes en las escuelas nos queda la gran tarea de escuchar, contener, orientar y acompañar estas diferencias para concretar un diálogo efectivo que nos permita salir de este atolladero. A la conducción política le cabe estar a la altura del conflicto generando todas las condiciones necesarias primero para el debate con todos los actores y luego para el diseño de una reforma consensuada, que tenga las condiciones requeridas para la implementación.

Todos tenemos alguna tarea, ahora nos queda poner las manos en la masa. ¿Lo lograremos o seguiremos perdiendo el tiempo despedazándonos?

Créditos imagen: Diario Infobae http://www.infobae.com/sociedad/2017/09/09/hay-17-escuelas-portenas-tomadas-en-rechazo-a-las-reformas-en-la-secundaria/
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2 comentarios

  1. Sería interesante abrir la discusión en la institución, poder debatir esto con lxs estudiantes del nivel secundario, docentes y comunidad educativa. Pero a escribir algunas líneas en función de lo que venimos discutiendo desde Cauce.

    Decís: “A los alumnos les cabe la posibilidad de repensar las estrategias de lucha y precisar los reclamos de manera tal que tengan el menor impacto negativo sobre sus trayectorias estudiantiles que ya se están viendo afectadas.”
    Me pregunto: ¿Acaso no se van a ver afectadas sus trayectorias si dejan pasar esta reforma? ¿Cómo va a impactar en su formación el hecho de que el último año de la secundaria sea dedicado casi exclusivamente a pasantías y proyectos de “emprendedurismo”? Incluso también la toma en sí es una gran instancia de aprendizaje, con el proceso de discusión y organización que conlleva. Es parte del ejercicio de pensar y construir la sociedad que queremos.

    Por otro lado, si bien podemos compartir la reflexión acerca de la importancia de dejar de compartimentar los contenidos y vemos la potencialidad de trabajar por proyectos (pero sin que sea la única forma de trabajo en el aula), la formación docente para el nivel medio no está pensada de esa manera. Y preocupa que esta reforma implique la desaparición de muchos puestos de trabajo docente. También preocupa que en nombre de esta integración en verdad se esté realizando un vaciamiento de contenidos.

    Por último, no sé si existe la posibilidad de una reforma consensuada ni si eso es lo que buscamos.Sabemos que a este gobierno (y a los sectores que representa en este momento del ciclo económico) poco le interesa la formación de estudiantes con pensamiento crítico y, al contrario, sí le interesa formar para la flexibilización y la precarización laboral, la “incertidumbre” y la “adaptabilidad”. Yo, como docente y como estudiante, no cedería ni un poco ante los intereses del sector privado.

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  2. Hola María Celeste:
    La discusión en la institución esté permanentemente abierta y fuera de ella, como en este espacio, también. Justamente este blog se plantea como un lugar para promover debate.
    En esa línea, podemos disentir acerca de cuáles serían las mejores estrategias en términos políticos para discutir cuestiones en este escenario. En lo personal opino que hoy el impacto de las tomas sobre la escuela pública es un precio muy alto justamente por el permanente ataque que hay sobre ella y por el trabajo sistemático que los medios hacen para situarla en el lugar a donde algunos quieren verla: pisoteada, vapuleada y en duda. Pero como decía, podemos disentir en la oportunidad o no de las tomas.
    En cuanto al proyecto de secundaria en sí mismo, he dado mi opinión y no he tocado en esta entrada aquello a lo que aludís sobre el tema “pasantías”, sencillamente porque lo creo operativamente inviable en la realidad aunque ese fuera el proyecto que proponen. Sí me parece fundamental mirar las cosas sobre las que se proponen modificaciones en el corto plazo y son las que comenté vinculándolas con las condiciones de viabilidad en el contexto que atravesamos hoy en las escuelas.
    En cuanto a aquello que ponga en riesgo el trabajo docente, claramente es un punto de alerta. En ese sentido le corresponde al colectivo docente y sus gremios pelear por esto pero a mi juicio, no a los estudiantes de nivel medio. Considero que es una responsabilidad de los adultos pelear nuestras propias batallas.
    Finalmente sobre la formación docente, he escrito reiteradamente sobre mis cuestionamientos a la política actual en CABA. En este caso simplemente se reeditan.
    Lo que creo ineludible es reconocer que hay que hacer urgentes cambios en la educación secundaria. Porque si por temores políticos dejamos todo como está y seguimos esperando hacer algo, para cuando nos querramos acordar las consecuencias serán realmente gravísimas.
    Saludos,
    Débora

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